CAÑADA POLÍTICA DEL “CHAYO” A LA FRUSTRACIÓN MEDIÁTICA (Parte II y última)

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Por Miguel Ángel Reyes

Encaminado en una frustración que se profundiza, para su mal, el pseudoperiodista Andrés Vera sigue en su vano intento de llamar la atención del senador José Narro Céspedes, para ser beneficiado con dinero, como forma también de chantaje y manipulación ‘informativa’ que hace tiempo ya no encuentra eco en sus mediatizados enunciados que tratan de sobornar hasta su propia conciencia. Es como una enfermedad obsesiva hablar mal de alguien que no le repercute en su ínfima intención de que se le volteé a ver.

Recuerdo que cuando inició con su plataforma digital, y en su afán desesperado por obtener a costa de todo un “chayote” y, en su reciente y fracasado intento chantajista de ofrecer en venta su plataforma a un costo de 500 mil pesos (nada despreciables), hoy se cuelga de un conflicto minero para hacerse ver como el non plus ultra del periodismo zacatecano a base del ataque malogrado.

Andrés Vera debe recordar que una de las más altas funciones del periodismo, en su dimensión social, es un servicio que se presta a la comunidad, siempre con la obligación de informarla y acercarla a la verdad. Por ello ha cobrado importancia el periodismo local: está más cerca de la gente y lo que sucede en la comunidad es lo que ésta espera ver reflejado en los medios de comunicación. Y hoy parece que el llamado “Alvarito” (entiéndase Al Varito $) se ha olvidado de ello por obsesionarse con un personaje político que ha tenido alta presencia local y nacional, hablen bien o mal de él.

El pasado mes de diciembre de 2018 fue la última vez que Andrés Vera recibió apoyo económico por parte de esta organización (FPLZ) y, como siempre pidiendo las ‘perlas de la virgen’ y ante la negativa de ceder a su “chantaje”, arreció su guerra sucia contra José Narro y compañía. Reitero como en la ocasión anterior: es entendible su frustración…

Y espero que, en su ‘pulcritud periodística’, los pocos o muchos ingresos que ha recibido por parte de esta organización, no hasta finales del 2018, sino desde hace varios años, los haya reportado al SAT, lo que es difícil, porque, si no hay un documento de convenio por “servicios informativos” de por medio, es simple y sencillamente “chayo”.

El susodicho debería entender –si tiene ética- que antes que negocio privado, el periodismo es servicio social. Pero a medida que lo concibió como cierta fuente de poder y negocio, empezó a marchar al lado de las perversiones del poder y del no poder.

El periodismo chantaje –como el que hoy en día practica el pseudoperiodista Andrés Vera- se enquistó en las costumbres pueblerinas y siguió sirviéndole a la política y a los políticos que le garantizan su supervivencia, más como instrumento de propaganda que de información.

La estrategia del ‘comunicador’ es sencilla, pero no por eso menos sucia: condiciona el elogio o la crítica a la pauta publicitaria que ofrezcan y paguen las partes interesadas para que ese “periodismo” haga su miserable labor de compraventa o, dicho de otra forma, de mercenaria comunicación.

Y es que éste “periodismo”, el del joven Vera, opera sin control ético y legal. Y como es más fácil hablar que escribir, o más eficaz hablar mal que escribir bien, es más frecuente encontrar el periodismo mercenario en la radio que en los medios escritos.

Andrés Vera actúa a la sombra de una profesión envilecida por el negocio personal y el parasitismo político, mediante un método gansteril: “el que no paga, se friega”. Mejor dicho, “al que no pauta, se le cae encima”.

Su manera de proceder se parece mucho a la vigilancia que ejercen las bandas delincuenciales sobre los negocios privados: la única garantía de seguridad la da el pago puntual de la cuota de protección. El chantaje, que es armado entre las bandas, se vuelve “informativo” en esta clase de “periodismo.”

Para él, el contenido de la información está determinado por una sencilla operación: “te defiendo si me pautas, te ataco si me pagan tus enemigos”. No es raro entonces que muchos políticos tengan a sus “periodistas” de cabecera y que éstos hagan el trabajo sucio de desinformar y destruir honras de sus “enemigos”.

Con éste difusor de galimatías, la función social del periodismo ha pasado a ser, función antisocial de desinformar, calumniar y hacer bulla propagandística. No es raro que algunos gobiernos tengan en sus nóminas a esta clase de “informadores.” Todos lo sabemos. Y cuando la administración pública corta el chorro de las contrataciones, desde el “periodismo chantaje” se abren las compuertas de una oposición hecha a base de terrorismo psicológico, chabacanería crítica y chismografía disfrazada de noticia, un estilo inconfundible de éste pseudocomunicador.

Y qué bueno que entienda que nuestras columnas son “atemporales”; y “atípicas”, claro que sí, por tratarse del él y sólo de él. Y en ellas no hay línea de nadie, son bajo mi propio criterio e iniciativa, le aclaro… ¿Manchar su nombre?…. no es necesario, éste ya está manchado desde que dejó de ser un comunicador para la sociedad y se convirtió en un vil y sedicioso “chayotero”. ¡Es cuanto!

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